Guaymallén y el fin de la corrupción consensuada.

Martin Serrano

Este último 21 de junio las elecciones dejaron más de una sorpresa, sobre todo en los departamentos que eran considerados bastiones justicialistas, como es el caso de Las Heras, Malargüe y Guaymallén.

En el caso particular de Guaymallén es donde mejor se aprecia el final de los paradigmas. En dicho departamento fue ungido con la intendencia el radical cobista Marcelino Iglesias. ¿Pero por qué decimos que se aprecia mejor el final de paradigmas?

En primer lugar Guaymallén era gobernado desde hace años por dicho partido, pero no es tan simple el cómo se daba esta circunstancia. El oficialismo de ese municipio sustentaba su poder en una especie de cooperativa connivente y corrupta con parte del radicalismo departamental, facción encabezada por la familia Narváez. Esto último es una cuestión que alguna vez resalté en una carta de apoyo que envié e hice pública el 27 de Octubre de 2014 al concejal del Partido Obrero Federico Telera, quien se atrevió a denunciar esta cooperativa connivente. 

Cuando hablamos de corrupción, hablamos de corrupción de verdad, con sendos actos irregulares de las administraciones municipales, actos apañados por parte de la oposición, que a cambio ha recibido como contraprestación no sólo parte de los «botines» obtenidos en maniobras poco transparentes, sino que además han sido claramente beneficiados en el reparto de los contratos municipales, creando un verdadero ejército de «ñoquis».

Recordemos que uno de los actos irregulares que sorprendieron, y sorprenderían a cualquiera, fue el de la aprobación «express» del presupuesto 2015, el que duplicó el presupuesto anterior, actualmente superando los $1.400 millones, frente a los casi $700 millones del 2014. Una maniobra por demás anormal para cualquier administración pública, situación que también me preocupé en resaltar como curiosa en nota del  7 de mayo de 2015 

Pero esta connivencia va más allá, los Narvaez, Centeno y demás nombres que ensucian al radicalismo por sus participaciones y omisiones cómplices, fueron parte del aparato electoral de Lobos en la última elección. Si, como lo lee, estos supuestos radicales estuvieron trabajando para el truncado triunfo del cuestionadísimo Lobos.

Marcelino Iglesias, después de haber obtenido la confianza de la mayoría de los vecinos de Guaymallén, se comprometió públicamente con los que lo votaron y con los que no lo hicieron, en combatir esta cooperativa de la corrupción. Un muy buen comienzo.

Pero también es necesario que el Tribunal de Conducta de la Unión Cívica Radical de Mendoza, además de la Justicia, analice el caso de la cooperativa de la connivencia que encabezan Nárvaez y Centeno en Guaymallén y que tome decisiones acordes a la gravedad de los hechos. Esto no sólo debe darse por una cuestión estrictamente partidaria, sino que también, y por sobre todo, para que el Intendente electo no encuentre en su propio espacio político «obstáculos» para una excelente gestión, que seguramente llevará adelante para el bien de sus vecinos.

La sociedad exige conducta republicana en la política. El Frente Cambia Mendoza pregonó cambios para hacer realidad esa demanda social y fue uno de los factores fundamentales para que los mendocinos volvieran a confiar en la U.C.R. como eje del espacio plural que conformamos en la Provincia.

Martín Serrano                                                        

Concejal UCR (San Rafael – Mza) 

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