«La aventura argentina», o la protohistoria de un país

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EN EL LIBRO «LA AVENTURA ARGENTINA», EL PERIODISTA GABRIEL PANDOLFO DA CUENTA DE LA ENREVESADA HISTORIA DEL PAÍS, DESDE LA PRIMERA FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES, EN 1536 POR PEDRO DE MENDOZA, HASTA LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA EN 1816-, LEJOS DEL BRONCE Y CON UN RITMO ÁGIL Y ENTRETENIDO.

En el libro «La aventura argentina», el periodista Gabriel Pandolfo da cuenta de la enrevesada historia del país, desde la primera fundación de Buenos Aires, en 1536 por Pedro de Mendoza, hasta la Declaración de la Independencia en 1816-, lejos del bronce y con un ritmo ágil y entretenido.

La publicación de Planeta relata los avatares de los años de formación de la Argentina, el pivoteo entre Asunción y un suelo porteño que no acababa de delinearse, sazonado por intrigas, actos de heroísmo, violencia y sexo, todo lo que precisa un texto para resultar atrapante, en este caso, real.

Pandolfo -periodista y guionista nacido en 1960 en Uruguay- abre el volumen que repasa 280 años de historia nacional con una cita del prólogo escrito por Mariano Moreno, en 1810, para una reedición de «El contrato social», de Russeau, la cual parece resumir todo el objetivo de este trabajo, que insumió cinco años de investigación.

«Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no reconoce lo que vale, lo que puede y lo que se debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiraní­a», escribió Moreno como preámbulo de esa emblemática obra política y filosófica.

«Si no conocemos los hechos que la fundaron, las motivaciones de los protagonistas que llevaron adelante la acción, las fuerzas en pugna y sus objetivos, ‘mudaremos de tiranos’ sin dejar atrás la tiranía», insiste Pandolfo en diálogo con Télam.

«¿Qué es la tiranía? Los intereses contrarios al bienestar del pueblo. ¿Cuál es el interés del pueblo? El bienestar general de la Nación, su autonomía, su ‘felicidad’, como se acostumbraba decir», machaca el fundador de la revista Planeta Urbano y autor de libros como «Néstor, el presidente militante», «Carriópolis» y «Todo se sabrá. Crónica de un soborno».

El espí­ritu del género de divulgación -el desafí­o por mantener una escritura asequible y un relato atrayente sin perder la precisión histórica- es capturado por Pandolfo a través de la humanidad con que desnuda grandezas y miserias de sus objetos de estudio y su intenta de hacer «justicia» sobre figuras poco rescatadas por la historia oficial, como Hernandarias.

Hernando Arias de Saavedra (1561-1634) -militar rioplatense, yerno de Juan de Garay en la época virreinal, de quien no se recuerda poco más que la localidad y el puente entrerrianos que llevan la contracción de su nombre, Hernandarias-, fue «un hombre justo, enemigo de la corrupción, primer gobernador criollo de América, tan central en la historia argentina como Moreno», remarca Pandolfo.

Héroes y villanos se funden así en un relato donde la acción se sucede con fluidez hasta el final y despierta interrogantes en torno a las miradas con que se fueron construyendo determinados relatos.

«La historia argentina es cautivante en sí misma, las imprecisiones la hacen banal -explica-. ¿Por qué seguimos creyendo que durante la Semana de Mayo se repartían cintas celestes y blancas? Estupidez. Para diferenciar patriotas independentistas de vecinos ‘decentes’ French rompió las puertas de un almacén y encontró cintas rojas y blancas… La realidad es más atrapante que el relato que se quiso instalar».

«La gloria de sus protagonistas es más gloriosa sin falsedades», afirma el autor de «Todo tiene su precio», para quien «el revisionismo parece mala palabra pero es una práctica necesaria en todo el mundo» porque «sin conocer la historia no hay desarrollo sostenido. Le pasa tanto a un hombre como a una sociedad -dice-, no hay que tenerle miedo».
«A 70 años de la Batalla de las Ardenas (la gran ofensiva alemana lanzada a fin de la Segunda Guerra Mundial), salieron a la luz versiones más cercanas a la realidad, ya ‘descomprometidos’ de necesidades políticas -grafica-. La historia no puede disecarse, sigue viva y es absurdo cortarle las uñas, a menos que consintamos vivir en un mundo artificial como espectadores zombies de un entretenimiento sin sentido».

Nuestro pueblo, continúa, «tiene una memoria muy corta, durante décadas se tergiversaron los hechos según conveniencias. Todavía se habla del sillón de Rivadavia, cuando elegido primer presidente decoró su despacho con muebles traídos de Europa y ya renunciado se llevó todo el mobiliario, inclusive su famoso sillón».

«Fue un presidente corrupto, socio de una empresa inglesa a la que vendió la mina de Famatina en La Rioja, conflicto por el que nace la figura de Facundo Quiroga, y para silenciar esto es que él y sus aliados mandan a matar a Manuel Dorrego, quien tenía en su poder los documentos que lo comprometían», indica.

¿Que San Martín haya sido reclutado por los ingleses junto a otros oficiales de origen americano, cambia el trasfondo de su gesta libertadora contra el absolutismo español?, apunta Pandolfo y dispara: «Los hechos están documentados, el lector debe hallar sus propias conclusiones».

Los ejemplos de las manipulaciones históricas son muchos, asevera, «Belgrano, Manuel de Sarratea y Rivadavia estaban en Londres en 1815 para ‘entregar’ las Provincias Unidas a un monarca europeo, pero eso no hace menos patriota a Belgrano. El contexto era diferente, Fernando VII volvía al poder y los ‘argentinos’ no tenían demasiadas opciones para mantener la autonomía».

Por eso, señala, «las clases populares no querían a Belgrano, quien fue uno de los patriotas más honestos de nuestra historia. Apenas detalles de cómo se ha divulgado la historia».

Belgrano «murió en la miseria apenas unas semanas después de que le hayan sacado los grillos que le destrozaron las piernas en prisión, aquejado de hidropesía y sin ningún homenaje por los muchos servicios a la Patria -repasa-. Sólo un diario, El filantrópico, dio cuenta en pocas líneas de su muerte».

«¿Por qué un país tan rico como Argentina parece negado a su plenitud? Creo que es por lo mismo que una casa de viene abajo cuando sus cimientos están torcidos», sentencia.
¿Qué impronta de esos años persisten en la actualidad? «La marginación de una parte importante de su población», asegura Pandolfo.

«La revolución de Mayo cambió a una elite por otra, sin integrar al ‘populacho’, a los negros y a los indígenas. Eso hizo que el desarrollo de Argentina sea pendular entre ciclos unitarios y federales o populistas sin solución de continuidad», postula.

A su entender, «el clientelismo no lo resuelve, lo prorroga. Moreno y Belgrano lo habían advertido: sin educación, no hay libertad, fraternidad ni igualdad (aunque la igualdad y la libertad entran en conflicto). Los ideales de la Ilustración, hoy casi extinguidos, son los pilares de una república democrática».

Así como la corrupción, que «atraviesa nuestra historia desde su primera fundación. La falta de justicia y la complicidad de las clases dominantes son una constante. El afán de lucro, el desarraigo, la anomia y la envidia fueron sus subproductos. La viveza criolla su atmósfera psicológica».

¿Cómo definirí­a al clima de época actual en el paí­s? No duda: «La ‘grieta’ nos perseguirá hasta que nos sinceremos. Muchos se parapetan detrás de ella. No es una creación contemporánea, la fisura se abrió hace más de 200 años».

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